customer-563967_1280 Ayer, día de constitución de ayuntamientos, se generó una gran polémica en relación a unos tuits publicados por un recién elegido concejal de Ahora Madrid, el partido que gobernará la capital con Manuela Carmena a la cabeza, en los que hace uso de chistes claramente antisemitas y de evidente mal gusto. La polémica creada daría para escribir demasiados artículos, entiendo que a favor y en contra. Habrá quien condene los desagradables ‘chistes’, y habrá quien apele a la libertad de expresión para justificarlos. Por mi parte me parecen lamentables y obligan al autor al menos a una disculpa pública, por su recién estrenada condición de representante público, es evidente, y todo a pesar de que la propia Irene Villa le reste hierro al asunto. Pero no quiero quedarme en los tuits en sí y su repercusión, sino en la raíz del asunto, más relacionada con las redes sociales y los perfiles. De moda está ahora el término «personal branding», algo así como la reputación personal, y concretamente en Internet a la reputación online. En esta ponencia de Enrique Dans, el célebre bloguero explica perfectamente como la reputación está directamente ligada al trabajo y el recorrido vital, y que por tanto, ésta crecerá en base a lo que uno va construyendo a lo largo de su vida (tanto bueno como malo). En el fondo Internet no es tan diferente a la vida real, sino que es parte de la misma. En el caso de este concejal de Madrid su problema radica en que ya tenía, como toda persona, su propia reputación, que cuenta, le guste o no, con esos tuits. El fenómeno que se nos presenta es inverso al habitual, el del político que abre perfiles en redes sociales para expresarse, sino que esta vez estamos ante un usuario de redes sociales que sin saber que algún día sería político escribía lo que entonces entendía como adecuado, aunque fuese bajo su particular forma de entender el humor. Hemos entrado en otra era, en otro ciclo histórico diferente, en el que vamos dejando rastros imborrables a lo largo del mundo online. Sería difícil rastrear hoy en día el pasado de personas como Bill Clinton, o el propio Obama antes de llegar a ser lo que fueron, y por lo que los conocemos. Sin embargo, de un ‘chusquero’ concejal de Madrid ya conocemos su sentido del humor, sus filias y fobias, sus tendencias, y sobre todo y por encima de cualquier cosa, su imprudencia. Quizá porque nunca pensó que sus tuits tuvieran repercusión, quizá porque nunca pensó ser concejal. Imperdonable error en una sociedad en la que lo online se está convirtiendo en un gran currículo personal de cada uno en donde se acumulan nuestros pensamientos, fotos, aquello que leemos, que ‘nos gusta’, e incluso lo que nos hace reír, aunque en ocasiones, como esta, sea intolerable. Ojo con lo que hacemos, que de todo queda rastro 🙂

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