Blog / Aid al-Adha o la fiesta del cordero musulmana
Un año más Basma y Adil, dos jóvenes de 17 y 16 años, celebran en su casa la fiesta del sacrificio, o Aid al-Adha, la fiesta más importante en el mundo musulmán y que es comúnmente conocida como la fiesta del cordero.
Basma y Adil son españoles, nacidos en la Península, hijos de padres marroquíes que llegaron a la Región de Murcia en la década de los noventa para trabajar en el campo. Basma ha finalizado este año la ESO y le ilusiona poder cursar la carrera de Periodismo una vez acabado el Bachillerato.
Por su parte, Adil, que juega al fútbol en Pozo Estrecho, compaginará este año sus entrenamientos con los estudios de segundo de Bachillerato de Ciencias Sociales.
Sus padres, El Mamoune y Rabha, abren la puerta de su casa para dar a conocer mejor una fiesta que por su carácter familiar y festivo recuerda en cierto modo a la navidad cristiana.
Como cada año la fiesta del sacrificio comienza al amanecer, con la asistencia a la mezquita a realizar la oración. A continuación en las casas particulares los padres de familia dirigen los rituales y dan instrucciones al resto de miembros, aunque es la madre quien controla todo lo relacionado con el cocinado del animal.
El Mamoune, que trabaja en el campo de Cartagena desde su llegada a España, aprendió desde niño a realizar con destreza cada paso, desde el inicial degüello del animal, hasta la complicada retirada de la piel.
En las ocasiones que han realizado el sacrificio en casa, en Marruecos, le ha ayudado su cuñado, y sus hijos Basma y Adil, y la hermana pequeña, Wiam, han participado únicamente con su presencia.
Adil sabe que cuando se case tendrá que ser él el responsable de realizar todo el proceso, pero confía en que su padre le ayudará los primeros años. Las dos hijas de El Mamoune visten ganduras, típico vestido marroquí, pero dejan su pelo al aire, al contrario que su madre, Rabha, que usa el tradicional hijab o pañuelo.
Cuando el sacrificio es realizado en casa, cerca de una hora dura el proceso de limpieza del animal, que es colgado para facilitar la tarea de retirar la piel y vaciar su interior de vísceras.
Una vez limpio es cubierto con una sábana y se deja reposar durante un día sobre una mesa.
Actualmente, el número de sacrificios en domicilios particulares en España es cada vez menor, mientras que se incrementa el número de corderos adquiridos en mataderos de forma legal, sacrificados según el rito musulmán, y dentro de las normativas legales vigentes. Este ha sido el caso de la familia de El Mamoune.
El día del sacrificio, y desde media mañana, la entrada y salida a la casa de vecinos y parientes es constante, llevan y traen partes del animal con las que se obsequian mutuamente. La costumbre establece que una parte del sacrificio debe ser para el consumo familiar, otra parte para compartir con parientes, y otra más para aquellos que más lo necesitan.